viernes, 19 de marzo de 2021

 

 

UNA ANÉCDOTA MÁS

Bajar los brazos es desfallecer y no hay tiempo para amilanarse,

no te puedes parar en el camio y encogerte en un rincón. No tienes otro plato que el tienes encima de la mesa, te lo has de comer quieras o no quieras, no te queda otra. Así que respira hondo, coge fuerzas y continúa tirando de tu vida como si nada hubiera pasado. Y si pudieras sonreír, te harías un favor, así que acéptalo lo antes posible. No queda otra que ser valiente,quien ha sufrido penalidades lo sabe. No te hundas, no te ahogues en una gota de agua porque la vida es larga, el camino empinado y no hay tiempo para sollozos. Solo el dolor inmuniza contra otros dolores::quien a pasado mucho, todo le parece intrascendente. Entonces, ¿para qué darse mal? Hoy estamos aquí, mañana allí y pasado mañana, Dios dirá. Aunque se te haga un nudo en la garganta. Aunque las lágrimas se descuelguen por tu nariz. Aunque te parezca mentira, ya verás como llegará un día en el que miraremos atrás y recordaremos estos días con añoranza, como si fueran lo que es: una anécdota más.

Venancio Rodríguez Sanz.

Entonces diremos:¿Quién pudiera volver? Porque no hay dolor, como el último mal.

Venancio Rodríguez Sanz.

siempre es el más vivo.

 

 

 

DE LA SARTÉN AL FUEGO

En ocasiones, de tan perfectos que queremos ser, caemos en un error aún mayor... Así le pasó a una diputada en el congreso que, queriendo hablar correcto políticamente, dijo: “Los jóvenes y las “jóvenas” de nuestro país”. Según la Wikipedia, lapsus es la falta o equivocación cometida por descuido. De modo que esto no puede ser un lapsus porque hay intencionalidad. Pero tampoco lo llamaría traspié, porque hay voluntariedad. Si hubiera que resumir el hecho en una palabra, ¿cómo le podríamos denominar?: un querer quedar bien, vanagloria, jactancia, hipocresía, estiramiento, engolamiento… En fin, dejaré que su imaginación le cuelgue la etiqueta correspondiente. El caso es que hoy he leído un rótulo en la prensa que me ha hecho pensar. Decía así: “Mujeres y jóvenes, principales victimas del paro a causa de la pandemia del coronavirus”. Según está escrito, se podría pensar tres cosas: que en ese contexto se refiere a las mujeres que no son jóvenes; que las mujeres no pueden ser jóvenes, lo cual ellas se lo podrían tomar a mal, o que dentro de la palabra “jóvenes” no entran las “jóvenas” , lo cual daría a entender que está bien escrito si la Real Academia de la Lengua incluyó últimamente jóvenas en el diccionario. En fin, estoy un poco desconcertado.

 

 

CUANDO UN AMIGO SE VA

Hoy, en la calle de Las Flores de Zaragoza, he visto que el bar de un amigo habían colgado un cartel que decía: “Se vende, tlf.696642976”. He mirado a través de la verja por si estaba él y sí, allí estaba dando los últimos toques al local. He picado en la puerta y al salir para saludarme, se le arrasaron los ojos. Le dije:” Pero, ¿qué vas a hacer a tu edad si cierras el bar. Si tenías tantos clientes”. A lo que él me contestó: “No lo sé, pero con las normas que tenemos que cumplir los bares y los impuestos que debemos pagar, esto es inviable. Vivíamos del bar toda la familia y pensábamos jubilarnos en él, pero con dolor del alma no tenemos más remedio que cerrar. Dios dirá lo que tenga que ser”. No pudo decir ni una palabra más, se le hizo un nudo en la garganta, se dio la vuelta y despareció en la cocina. Mientras yo callejeaba, intenté ponerme en sus zapatillas y me sentí acongojado. Sentí como si todo mi mundo estuviera ardiendo. Sentí una soledad asfixiante ¿se lo pueden imaginar? En fin, una pena. Solo te deseo que el futuro te sea más propicio que el presente. Adiós, amigo y suerte.

 

 

ECOLOGISTAS DE PASARELA

Unos montañeros fueron al robledal de San Pedro en Alsasua (Sierra de Urbasa). Vieron que el tronco de un roble centenario se estaba quemando y, ¿qué hicieron?:” Sacaron la cámara y lo grabaron sin mover ni un solo dedo para salvarle la vida a la encina”. Bien, más tarde colgaron su heroica y peligrosa acción:” las fotos y la grabación”. En la página de montañeros a la que están adscritos y estos fueron los comentarios de sus compis” “Qué recuerdos vividos”. “Qué pena de árbol. Espero que no haya ardido por completo”. “Acabó partido en dos”. “Impresionante el árbol ardiendo ¡buaaa! Qué pasada”.” Las de veces que he hecho foto a esa borda”. “Es la ermita de San Pedro”. “Qué pena de final para un roble tan mítico”. La conclusión que se puede sacar de lo sucedido, es que el ecologismo actual entre los montañeros no da más que para tomarse la molestia de grabarlo con la cámara, colgarlo en las redes y después que tus compis digan:” Oh, qué pena”. Eso sí, cuando se convoca una manifestación en contra del cambio climático, veremos a muchos de ellos gritando consignas, despotricando contra los poderes tácticos, el capitalismo, la especulación medio ambiental, etc. Eso es todo, no da para más... En fin, muchos de ellos dicen amar la montaña, pero jamás les verás acacharse para recoger un papel.

 

 

 

CIEGO QUE GUÍA A CIEGO

Erase una vez que un burro con orejeras estaba labrando en el libro de Don Quijote de la Mancha. Su dueño se las había colocado para impedir que viera otros libros. Pero, ocurrió que el jumento se topó con un error de imprenta, pasó por encima y el arado se rompió. Entonces, el labrador pensó: “Le enseñaré a mi rucio a no pasar por encima de las erratas. Pero, más adelante se topó el pollino con una inexactitud. Pasó por encima de ella y el arnés se volvió a romper. Entonces, el agricultor le enseñó al onagro a identificar los disparates. Pero, más adelante se topó con una omisión y sucedió lo mismo. Entonces, pensó el granjero: “Es posible que el problema sea el material del que está formado las orejeras. De modo que fabricó unas de hierro repujado. Aun así, seguía recayendo el jumento en las faltas ortográficas, omisiones, equivocaciones, errores y otras. Entonces pensó el labriego que el problema era del libro y lo cambió por una edición revisada, pero nada. Después de probar con Guerra y paz, Crimen y castigo, Los miserables, El Don apacible, La Ilíada, La divina comedia, La Biblia y otros libros e su mismo calibre, el cultivador pensó:”¡Por mi madre que, aunque este estúpido garañón me rompa todos los aparejos, con un poco más de tiempo acabará siendo tan intelectual como yo! .

 

 

 

CARTA AL SEGURO DE CASER.

Estimados señores:

Les escribo estas letras para comunicarles mi deseo de darme de baja en el seguro del hogar que con ustedes tenía contratado.

Como sé que la hipoteca lleva aparejada un seguro, ya me lo hice con otra compañía. Sé que les tenía que haber dado un mes de aviso, pero como ustedes tampoco me avisaron de que me iban a subir la cuota de 188,22 a 204,78 euros, pensé que no querían ser avisados: es una contradicción en sí mismo, querer ser puntilloso en la letra de las normas y no cumplir las mismas, ¿no creen? Me tenían que haber avisado con antelación para darme tiempo a pensar si quería seguir con el seguro.

Por otra parte, como ya les dije por teléfono, el trato que me han brindado en mi sucursal de Ibercaja, sita en la calle Caesáreo AliertA 83 de Zaragoza, en estas fechas tan dramáticas, me ha movido a tomar esta decisión. Aunque no me voy del todo, como sería mio deseo, pues estoy ligado a ellos por una hipoteca. Para saber más sobre la amabilidad y comprensión que me brindó el personal de Ibercaja, solo tienen que pedirles la grabación del día 4 de mayo sobre las 8:30.

Les rogaría que si tienen un protocolo a seguir en estas circunstancias, como por ejemplo: amenazarme con querellas, la policía, romperme las piernas, mandarme dos gorilas, etc., Les pediría que, sin más preámbulos, se las ahorraran y directamente pasaran a la acción. Sin más que decirles, les deseo que pasen un feliz día.

Un cordial saludo.

 

 

 

 

 

BONDAD EN LAS CENIZAS

Hoy ha venido a mi barbería un señor desarrapado. Con aspecto de estar triste y preocupado. Le pedí que se sentara en el sillón. Le pregunté como quería que le cortara el pelo. Me lo dijo. Y en silencio se lo empecé a cortar. Mientras iba realizando mi trabajo, pensaba: “Le hablo o dejo que él hable primero”. Permanecimos en silencio los dos por largo tiempo y en un momento dado, el señor empezó a hablar. Me dijo que se había quedado sin trabajo. Me dijo que casI no tenía para comer. Me dijo que, en el confinamiento, se pasaba las horas muertas mirando al techo de su habitación. Me dijo que hacía días que no hablaba con nadie. Me dijo que hacía tiempo que su mujer lo había abandonado. En fin, me dijo muchas cosas que no puedo repetir aquí. Y yo lo dejé decir. Y yo lo dejé desahogarse. Y yo lo dejé que volcara su dolor en mí. Cuando terminé mi trabajo, le dije que le regalaba el servicio. Él me dijo que no, por favor, que muchas gracias. Me dijo que yo también tendría muchos problemas. Me pagó y me dejó una propina. Cuando se fue, por largo tiempo me quedé pensando: “Nunca he recibido tantas propinas como en estos días por gente tan derrotada. En verdad os digo que, hay gente buena en el mundo.”

 

 

 

 

EN LA DIFICULTAD, BROTAN LOS LILIPUTIENSES

Hay gente pequeña que utiliza su puesto para abusar de los demás. Hay gente enana que utiliza los momentos de debilidad para descargarse de sus frustraciones. Hay gente insignificante que hacen quedar mal a la empresa que representan. Tengo mis ahorros en la sucursal que Ibercaja tiene en la Avd. Cesáreo Alierta 83 de Zaragoza. Cuando empezó el confinamiento, les dije que no cargasen nada en mi cuenta pues tenía miedo de quedarme sin comer. El día 27 de abril pasaron el recibo del seguro de Caser, no había saldo y mi cuenta quedó en rojo. Por siete veces en diferentes ocasiones y días fui a la caja para pedirles que lo retrasasen un par de meses para darme tiempo a recuperarme. Hoy he ido por optaba vez y el señor que me ha atendió, un señor que pinta canas, me ha dicho que no sabe cómo se devuelve el recibo del seguro de Caser. Puedo comprender que la hipoteca debe de tener un seguro aparejado. Pero yo no me niego a pagarlo. Lo único que les pido es que me retrasen el recibo un par de meses, nada más. Tengo una barbería y hace dos días que puedo trabajar y calculo que en dos meses me recuperaré del confinamiento.

El día 5 de mayo me puse en contacto con el banco de España en Madrid. Concretamente con el departamento de quejas, y ellos me aconsejaron que hiciera un escrito exponiendo mi petición y lo llevase a mi sucursal para que me lo sellasen Y si en el plazo de 15 días no surtía el efecto deseado, que les enviase el papel a ellos. Bien, lo hice y me presenté con el papel en mi caja. Al día siguiente, al entregarle el papel y decirle que el banco de España me había dicho que me sellaran aquel papel, el señor perdió los nervios y me levantó la voz argumentando que estaba harto de aquel tema. En vista de la falta de respeto,, yo le pedí que no me levantara la voz en su mismo tono. A la vista del escándalo que estábamos armando, la subdirectora llamó a la policía. Cuando llegó, la subdirectora dio su versión de los hechos y yo di los míos. La policía me dio la razón a mí y en un momento estuvieron hechos los papeles que yo pedía: parece ser que el señor de las canas en un momento aprendió a devolver y aplazar los recibos de Caser.

En fin, como el asunto ya está arreglado y no está en mi ánimo perjudicar a nadie, solo quiero dejar constancia de los hechos por si hubiera represalias en un futuro en contra de mi persona por parte de algún miembro de mi sucursal. La verdad es que llevo 20 años en ella, he comprado muchas cosas a través de mi caja y esta forma de actuar, solo se puede comprender si tenemos en cuenta el estado de presión al que estamos todos sometidos.

Nada más que decir.

Un cordial saludo

Venancio Rodríguez Sanz

 

 

 

 

LAS ISLAS DEL RECUERDO

Si la tierra estuviera formada de palabras, en ocasiones veríamos oraciones surgiendo del mar. Serían vocablos como plegarias impulsadas desde el centro de la tierra por erupciones volcánicas que, de repente, asoman la cabeza diciendo:” ¡Aquí estoy otra vez, holladme, soy vuestra!” Entonces volveríamos a usar su nombre y siempre que lo pronunciáramos, explosionaría en nuestra mente su situación, su geografía, su fauna, sus playas, su clima, su flora, su cráter… Pero, existen islas (palabras), que con el tiempo desaparecen, son reabsorbidas por el mar y olvidadas. En ocasiones esto ocurre porque el nivel del mar sube como pasó con Alejandría. En otras ocasiones por terremotos como el de Pompeya. Por presiones de las placas tectónicas o simplemente, porque cambian de nombre, o porque la gente que vivía en ella fueron aniquiladas como el pueblo celta y otros. Esto suele suceder con las lenguas que se mueren, con las palabras que caen en desuso, que cambian de significado, de sentido. Con las palabras que colonizan, que se desplazan, que empujan... También hay palabras que nos traen a la memoria antiguos oficios, antiguos usos, antiguas heridas… Y en este sentido, me viene a la memoria una palabra antigua. Es una palabra (isla), donde puse yo mi pie por razones de nacimiento. Esta palabra estaba escrita en mi cartilla militar y decía así:” Desafecto al régimen”. ¿Se acuerda usted?

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