LAS ISLAS DEL
RECUERDO
Si la tierra
estuviera formada de palabras, en ocasiones veríamos oraciones surgiendo del
mar. Serían vocablos como plegarias impulsadas desde el centro de la tierra por
erupciones volcánicas que, de repente, asoman la cabeza diciendo:” ¡Aquí estoy
otra vez, holladme, soy vuestra!” Entonces volveríamos a usar su nombre y
siempre que lo pronunciáramos, explosionaría en nuestra mente su situación, su
geografía, su fauna, sus playas, su clima, su flora, su cráter… Pero, existen
islas (palabras), que con el tiempo desaparecen, son reabsorbidas por el mar y
olvidadas. En ocasiones esto ocurre porque el nivel del mar sube como pasó con
Alejandría. En otras ocasiones por terremotos como el de Pompeya. Por presiones
de las placas tectónicas o simplemente, porque cambian de nombre, o porque la
gente que vivía en ella fueron aniquiladas como el pueblo celta y otros. Esto
suele suceder con las lenguas que se mueren, con las palabras que caen en
desuso, que cambian de significado, de sentido. Con las palabras que colonizan,
que se desplazan, que empujan... También hay palabras que nos traen a la
memoria antiguos oficios, antiguos usos, antiguas heridas… Y en este sentido,
me viene a la memoria una palabra antigua. Es una palabra (isla), donde puse yo
mi pie por razones de nacimiento. Esta palabra estaba escrita en mi cartilla
militar y decía así:” Desafecto al régimen”. ¿Se acuerda usted?
BONDAD EN LAS
CENIZAS
Hoy ha venido a mi
barbería un señor desarrapado. Con aspecto de estar triste y preocupado. Le
pedí que se sentara en el sillón. Le pregunté como quería que le cortara el
pelo. Me lo dijo. Y en silencio se lo empecé a cortar. Mientras iba realizando
mi trabajo, pensaba: “Le hablo o dejo que él hable primero”. Permanecimos en
silencio los dos por largo tiempo y en un momento dado, el señor empezó a
hablar. Me dijo que se había quedado sin trabajo. Me dijo que casI no tenía
para comer. Me dijo que, en el confinamiento, se pasaba las horas muertas
mirando al techo de su habitación. Me dijo que hacía días que no hablaba con
nadie. Me dijo que hacía tiempo que su mujer lo había abandonado. En fin, me
dijo muchas cosas que no puedo repetir aquí. Y yo lo dejé decir. Y yo lo dejé
desahogarse. Y yo lo dejé que volcara su dolor en mí. Cuando terminé mi
trabajo, le dije que le regalaba el servicio. Él me dijo que no, por favor, que
muchas gracias. Me dijo que yo también tendría muchos problemas. Me pagó y me
dejó una propina. Cuando se fue, por largo tiempo me quedé pensando: “Nunca he
recibido tantas propinas como en estos días por gente tan derrotada. En verdad
os digo que, hay gente buena en el mundo.”
CIEGO QUE GUÍA A
CIEGO
Erase una vez que
un burro con orejeras estaba labrando en el libro de Don Quijote de la Mancha.
Su dueño se las había colocado para impedir que viera otros libros. Pero,
ocurrió que el jumento se topó con un error de imprenta, pasó por encima y el
arado se rompió. Entonces, el labrador pensó: “Le enseñaré a mi rucio a no
pasar por encima de las erratas. Pero, más adelante se topó el pollino con una
inexactitud. Pasó por encima de ella y el arnés se volvió a romper. Entonces,
el agricultor le enseñó al onagro a identificar los disparates. Pero, más
adelante se topó con una omisión y sucedió lo mismo. Entonces, pensó el
granjero: “Es posible que el problema sea el material del que está formado las
orejeras. De modo que fabricó unas de hierro repujado. Aun así, seguía
recayendo el jumento en las faltas ortográficas, omisiones, equivocaciones,
errores y otras. Entonces pensó el labriego que el problema era del libro y lo
cambió por una edición revisada, pero nada. Después de probar con Guerra y paz,
Crimen y castigo, Los miserables, El Don apacible, La Ilíada, La divina
comedia, La Biblia y otros libros e su mismo calibre, el cultivador pensó:”¡Por
mi madre que, aunque este estúpido garañón me rompa todos los aparejos, con un
poco más de tiempo acabará siendo tan intelectual como yo! .
ECOLOGISTAS DE
PASARELA
Unos montañeros
fueron al robledal de San Pedro en Alsasua (Sierra de Urbasa). Vieron que el
tronco de un roble centenario se estaba quemando y, ¿qué hicieron?:” Sacaron la
cámara y lo grabaron sin mover ni un solo dedo para salvarle la vida a la
encina”. Bien, más tarde colgaron su heroica y peligrosa acción:” las fotos y
la grabación”. En la página de montañeros a la que están adscritos y estos
fueron los comentarios de sus compis” “Qué recuerdos vividos”. “Qué pena de
árbol. Espero que no haya ardido por completo”. “Acabó partido en dos”. “Impresionante
el árbol ardiendo ¡buaaa! Qué pasada”.” Las de veces que he hecho foto a esa
borda”. “Es la ermita de San Pedro”. “Qué pena de final para un roble tan
mítico”. La conclusión que se puede sacar de lo sucedido, es que el ecologismo
actual entre los montañeros no da más que para tomarse la molestia de grabarlo
con la cámara, colgarlo en las redes y después que tus compis digan:” Oh, qué
pena”. Eso sí, cuando se convoca una manifestación en contra del cambio
climático, veremos a muchos de ellos gritando consignas, despotricando contra
los poderes tácticos, el capitalismo, la especulación medio ambiental, etc. Eso
es todo, no da para más... En fin, muchos de ellos dicen amar la montaña, pero
jamás les verás acacharse para recoger un papel.
CUANDO UN AMIGO SE
VA
Hoy, en la calle de
Las Flores de Zaragoza, he visto que el bar de un amigo habían colgado un
cartel que decía: “Se vende, tlf.696642976”. He mirado a través de la verja por
si estaba él y sí, allí estaba dando los últimos toques al local. He picado en
la puerta y al salir para saludarme, se le arrasaron los ojos. Le dije:” Pero,
¿qué vas a hacer a tu edad si cierras el bar. Si tenías tantos clientes”. A lo
que él me contestó: “No lo sé, pero con las normas que tenemos que cumplir los
bares y los impuestos que debemos pagar, esto es inviable. Vivíamos del bar
toda la familia y pensábamos jubilarnos en él, pero con dolor del alma no
tenemos más remedio que cerrar. Dios dirá lo que tenga que ser”. No pudo decir
ni una palabra más, se le hizo un nudo en la garganta, se dio la vuelta y
despareció en la cocina. Mientras yo callejeaba, intenté ponerme en sus
zapatillas y me sentí acongojado. Sentí como si todo mi mundo estuviera
ardiendo. Sentí una soledad asfixiante ¿se lo pueden imaginar? En fin, una pena.
Solo te deseo que el futuro te sea más propicio que el presente. Adiós, amigo y
suerte.
DE LA SARTÉN AL
FUEGO
En ocasiones, de
tan perfectos que queremos ser, caemos en un error aún mayor... Así le pasó a
una diputada en el congreso que, queriendo hablar correcto políticamente, dijo:
“Los jóvenes y las “jóvenas” de nuestro país”. Según la Wikipedia, lapsus es la
falta o equivocación cometida por descuido. De modo que esto no puede ser un
lapsus porque hay intencionalidad. Pero tampoco lo llamaría traspié, porque hay
voluntariedad. Si hubiera que resumir el hecho en una palabra, ¿cómo le
podríamos denominar?: un querer quedar bien, vanagloria, jactancia, hipocresía,
estiramiento, engolamiento… En fin, dejaré que su imaginación le cuelgue la
etiqueta correspondiente. El caso es que hoy he leído un rótulo en la prensa
que me ha hecho pensar. Decía así: “Mujeres y jóvenes, principales victimas del
paro a causa de la pandemia del coronavirus”. Según está escrito, se podría
pensar tres cosas: que en ese contexto se refiere a las mujeres que no son
jóvenes; que las mujeres no pueden ser jóvenes, lo cual ellas se lo podrían tomar
a mal, o que dentro de la palabra “jóvenes” no entran las “jóvenas” , lo cual
daría a entender que está bien escrito si la Real Academia de la Lengua incluyó
últimamente jóvenas en el diccionario. En fin, estoy un poco desconcertado.
UNA ANÉCDOTA MÁS
Bajar los brazos es
desfallecer y no hay tiempo para amilanarse,
no te puedes parar
en el camio y encogerte en un rincón. No tienes otro plato que el tienes encima
de la mesa, te lo has de comer quieras o no quieras, no te queda otra. Así que
respira hondo, coge fuerzas y continúa tirando de tu vida como si nada hubiera
pasado. Y si pudieras sonreír, te harías un favor, así que acéptalo lo antes
posible. No queda otra que ser valiente,quien ha sufrido penalidades lo sabe.
No te hundas, no te ahogues en una gota de agua porque la vida es larga, el
camino empinado y no hay tiempo para sollozos. Solo el dolor inmuniza contra
otros dolores::quien a pasado mucho, todo le parece intrascendente. Entonces,
¿para qué darse mal? Hoy estamos aquí, mañana allí y pasado mañana, Dios dirá.
Aunque se te haga un nudo en la garganta. Aunque las lágrimas se descuelguen
por tu nariz. Aunque te parezca mentira, ya verás como llegará un día en el que
miraremos atrás y recordaremos estos días con añoranza, como si fueran lo que es:
una anécdota más.
PABLO IGLESIAS
SECUESTRA LA DEMOCRACIA.
Palabras de Juan
Ramón Rallo a las que yo me sumo: “La democracia es un concepto esencialmente
controvertido. Pero si uno quiere avanzar hacia una definición inclusiva sobre
ésta, propondrá definiciones generales dentro de las que quepan muchas formas
distintas de ver la democracia. Sin embargo, si uno quiere avanzar hacia un término
excluyente de democracia, propondrá definiciones restrictivas para que todos
aquellos que no coincidan con ella, sean catalogados como antidemócratas.
Personalmente, a mi me gusta la definición de la enciclopedia de filosofía de
Stanford, que dice: “Democracia es un método de decisión grupal caracterizado
por una cierta clase de igualdad entre sus participantes”. Lo que se traduciría
en el principio de: una persona, un voto. Esta definición muy inclusiva de
democracia, permite que muchas personas distintas, tengan cabida en ella e
impide que nadie descalifique al otro de antidemócrata simplemente porque no
coincide con nuestra opinión”. Cuando para atacar los argumentos del otro, se
recurre a falacias, se pone de relieve dos cosas: primero, que si se miente a
sabiendas, es señal de que no se tiene nada; y segundo, que es un insulto a la
inteligencia de quienes escuchamos. Esto es lo que le pasó a Pablo Iglesias en
el Parlamento: leyó un discurso minado de falacias cargadas de odio para
justificar que VOX es antidemócrata. Y lo único que dejó claro, es el ansia
desmedida por conseguir sus objetivos utilizando cualquier medio.
HACEN MADURAR MÁS
LOS RIÑONES QUE LAS PALABRAS
Básicamente, la
inocencia es candorosa. Menos mal que la vida nos pone a seres en nuestro
camino para abrirnos las órbitas de los ojos. Este es el caso de Macho Pequeño
(apodo supuesto): un señor de Moros (Zaragoza), para más señas, que se cruzó en
mi barranco. Y no para que cayera en el rehoyo, yo ya estaba despeñado, sino
para sacarme de mi precipicio. Bien, recuerdo que era una tibia tarde de
primavera. La vega vestía un ceñido paño de flores preñado. La brisa portaba lencería
de seda. El Manubles refulgía con destellos de plata. Nuestros glúteos
amartillaban un poyo de hielo alicatado. Nuestras miradas cargadas con munición
de pesado calibre. El silencio nos golpeaba con su mazo de terciopelo.
Entonces, con la misma desnudez y presteza con que una ninfa emerge de un lago,
brotó sin hacer daño a la paz, la voz de Macho Pequeño diciendo: “Mi hija no
quería estudiar. Un día me la llevé a vendimiar. Al día siguiente me dijo:
“Papá, me lo he pensado mejor y sí, quiero cultivarme”. Después de esta sincera
paráfrasis, el silencio volvió a noquearnos por lago tiempo con su martillo.
Desfallecidos por la condensada conversación; tras repasar mentalmente nuestras
respectivas y entumecidas trastienda (cada uno la suya, claro está), nos
dijimos con la mirada: “Ya vale por hoy de cháchara”. Y los dos a una,
tambaleándonos, nos fuimos yendo a casa con paso cadencioso…
LOS DOS CHUPA CHUPS
DE LA VIDA
Alternativamente,
la vida nos pone en la boca dos chupa chups: uno amargo y otro dulce. Cuando
aprendemos a aceptar los dos caramelos, algo en nosotros deja de patalear. Esta
es una de las puertas de salida del sufrimiento en el que a menudo nos vemos
enredados. No es mal camino, tampoco, el de aprender a aflojar un poco el
control sobre los “asuntos de la vida”, abriéndonos al mismo tiempo a la
confianza en ella. Es fácil confundir aceptación con resignación, cuando en
realidad nada tiene que ver lo uno con lo otro. La aceptación nos lleva a
reconocer lo que hay en el instante presente: dos chupa chups. No reconocerlo
es infantil, ya que tras la resistencia a reconocer lo que es, late una
exigencia de que solo quieres chupetear el chupa chup dulce. La aceptación nos
enseña a permanecer en la realidad, en vez de tratar de evadirnos de ésta, o de
frustrarnos porque las cosas no son “como yo quería que fueran”. Amar lo que es,
significa asentir a las dos golosinas para, más tarde, desde esta actitud de
aceptación y rendición, hacer lo que sintamos que se tiene que hacer.
Normalmente, la aceptación en este grado no es algo que suceda de golpe; es
más bien un proceso gradual. La aceptación supone abandonar el soponcio. Al
entrenarnos en el "no rabieta", estamos en realidad diciendo «sí» a
una vida que no está anclada en el miedo, el resentimiento o la ira. Desde la
aceptación, podemos hacer excursiones con mayor serenidad por el mundo...
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